Grupo Argentino de Transcomunicación Instrumental

Desde el 5 de Agosto de 2006, no he faltado a las reuniones del Grupo Argentino de Transcomunicación Instrumental “Viaje Infinito hacia la Luz ”, acompañando a mi mujer en su búsqueda de consuelo para un dolor tan desgarrador como lo es la pérdida física de su hija Laura.

Es mi intención dejar testimonio de los profundos cambios espirituales que han ocurrido en nuestras vidas a partir de este trágico y doloroso hecho. Desde entonces, con la ayuda de la TCI , y a través de muchísimas y contundentes respuestas grabadas, hemos comprendido que esto que llamamos vida no se agota en el plano terrenal. Que la muerte no existe. Que hay vida después de la vida. Una vida espiritual de evolución. Donde todos “están bien y felices” según lo manifiestan en sus grabaciones de voz. Están junto a nosotros. Allí, en un plano paralelo de existencia. Comunicándose con sus seres queridos que aun viven en la tierra.

El primer mensaje grabado que obtuvo mi esposa de su hija, fue recién a los 60 días de la partida de Laura, y en él se escucha claramente y con la propia voz de ella, su afirmación de “Paz… yo ahora en paz”. Una respuesta perfectamente audible que quedó grabada en un casete de cinta común, utilizando una antigua grabadora de periodista.

Ante este hecho incontrastable, en mi cabeza empezó a afirmarse cada vez con más fuerza la idea de transcomunicar yo también con mi papá, que partió en el año 2000 y con mi mamá que dejó este plano de existencia hace más de 20 años. ¿Por qué no? Hay mucha gente que lo hace y trae sus grabadores el primer sábado de cada mes para que todos escuchemos los mensajes obtenidos de esposos, hijos, padres, hermanos... ¿Y si mi mamá me diera alguna señal? ¿Y si mi papá me aconsejara como cuando vivía aquí?

Hoy tengo numerosos mensajes de mis padres y de otros seres queridos que “viven” en el más allá. Algunos grabados en casetes de cinta y muchos otros grabados últimamente directamente en mi computadora y con mi grabadora digital. Algunos se escuchan claramente, otros son susurros muy suaves, pero están allí y son ellos quienes los transmiten.

Mi madre me da respuestas contundentes en muchas ocasiones, confirmando que es ella la que está allí. Por ejemplo, como cuando le pido que me conteste cuál era su verdadero nombre. Al llegar a la Argentina de muy chica, por un error de traducción, la anotaron  como ISABEL, cuando su verdadero nombre era otro. La respuesta a mi pregunta fue “Elizabeth, su nombre real. Ante una segunda pregunta de ¿Con quién estás?, en la misma transcomunicación, responde: “Con mi mamá… también”.

Cuando transcomuniqué la primera vez con mi papá, le pedí que me dijera ¿cuál era mi sobrenombre? La respuesta fue “Pubi”, y así me llamaban de chico. En alemán significa pibe. Aún hoy, en las transcomunicaciones con mis seres queridos, a veces me dicen “Pubi”. En otra transcomunicación con mi papá, al solicitarle yo una orientación sobre un tema de trabajo me contesta con toda claridad, con su misma voz, tal como hablaba él, en idioma español “alemanizado”: “Y sí,  ahora sí”.

Por todo lo antedicho estoy convencido de que la vida es eterna y que nuestros queridos seres invisibles viven en otro plano de existencia, felices y en paz, evolucionando en busca de la luz divina. La muerte no existe. Ya no le temo.

José Neulist  

    

 

 

*  Vida Después de La Vida   *   Viaje Infinito Hacia La Luz *

 

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